jueves, 20 de noviembre de 2014

Un Ejemplo de Viajero

Viajeros Virtuales: Calle Lastarria

La Calle Lastarria está ubicada a un costado de La Avenida España en Valparaíso, a la altura de La Caleta Portales y tras el Instituto INACAP. La calle se encuentra en intersección con la calle Numancia, en donde está nuestro colegio que posee el mismo nombre.

Día a día, nosotros como estudiantes pasamos por esta calle en dirección a nuestro colegio, sin siquiera, en algunos casos, conocer el nombre de la calle que colinda con el establecimiento, ni tampoco conocer por qué esa calle lleva ese nombre, ni a quien hace honor.

La Calle Lastarria lleva ese nombre en memoria de don José Victorino Lastarria, uno de los intelectuales más importantes de la primera época republicana de nuestra nación.

José Victorino Lastarria

José Victorino Lastarria fue uno de los intelectuales liberales más destacados del siglo XIX y prolífero hombre de letras. Nació el 19 de marzo de 1817 en Rancagua. Realizó sus estudios en el Liceo de Chile, dirigido por José Joaquín de Mora y egresó del Instituto Nacional, perteneciendo así, a la primera generación de chilenos formados en la vida republicana.

En 1836 recibió el grado de Bachiller en Sagrados Cánones y Leyes. Tres años más tarde fue nombrado profesor de Legislación y Derecho de Gentes en el Instituto Nacional. Durante este período Lastarria comenzó a creer en un liberalismo fundado en el desarrollo del individuo y de la libertad, lo cual implicaba una reforma de las conciencias, un plan de regeneración que suponía la des-españolización de la sociedad chilena y por ende, su descolonización cultural.

Sus planteamientos respecto de la necesidad de crear una identidad propiamente chilena se cristalizaron en el ahora célebre discurso inaugural de la Sociedad Literaria de 1842, de la cual fue director.

Don Guillermo

Una de las obras más conocidas de Lastarria es la novela Don Guillermo, novela fantástica en clave política, es la primera novela escrita en Chile, donde denuncia la falta de libertad social bajo los gobiernos conservadores a través de una alegoría que entronca con la mitología y leyenda mapuche. Obra breve, pero intensa, que le valió tanto éxito como animadversión en aquellos convulsionados años en que la administración del Estado cambió del ala conservadora, a la corriente liberal.



Fragmento de la novela

Don Guillermo
José Victorino Lastarria
(fragmento)

III
El Camino de Valparaíso

(…)Mi cantar no es en sí bemol, como se necesitaría para expresar las angustias del triste caminante que tiene que dejarse despeñar por aquellas cuestas, haciendo esguinces a las carretas que se agolpan, gozando de la plena independencia de locomoción que les deja la ley para andar como quieran en los caminos, rabie quien rabiare.

Mi cantar es menos serio, menos triste, pues templo y modulo mi rable para recordar a todos cuantos han atravesado el susodicho camino de Valparaíso una cosa que todos han visto, en el cual todos han fijado su atención, sobre la cual todos han discurrido a su modo por un momento, y la cual todos olvidan hasta que vuelven a verla otra vez.

Esa cosa es un hombre indefinible que marcha y marcha siempre a pié por las veredas del camino, haya sol o llueva a torrentes, haya lodo o tierra en que volverse. El marcha siempre con paso igual y seguro, sin mirar a su alrededor, sin volver sus ojos a ninguna parte. Lleva la cabeza inclinada en ademán de ir absorto en un pensamiento terrible. Su tez es blanca, como la de los habitantes del norte de Europa, y sus lacias canas caen a confundirse con una barba blanca en que se divisan todavía los visos dorados de un cabello que fue rubio en otro tiempo. Su estatura elevada va un poco disimulada por una lijera inclinación hacia adelante, y por una frazada que lleva colgada en el hombro. El largo y añoso poncho que le cubre deja ver a veces los faldones de un paletot, último recuerdo de una condición perdida.

¿Quién es ese hombre? se preguntan todos los pasajeros que le encuentran o le alcanzan, y si la pregunta se dirije alguna vez al cochero o postillon, el pregunton observa que el postillon o el cochero se recata un poco, se sonrie como con miedo, y agrega un no sé, o cuando más explícito anda, dice que es un inglés que anda siempre por el camino, que no para en ninguna parte, y que apenas llega a Santiago, vuelve a salir para Valparaíso, y en esta ciudad entra tomando la playa, y sale en seguida sin que nadie sepa a dónde se dirije (…).

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